LA VIDA EN LUZ

 (Antología de textos para el    desarrollo personal)

LAUREANO BENÍTEZ GRANDE-CABALLERO

Ed. Liber Factory, 2014

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ALGUNOS TEXTOS DE LA OBRA

 

Mañana puede ser tarde


¿Ayer?: ¡eso fue hace tiempo!

¿Mañana?: no nos es permitido saber...

Mañana puede ser muy tarde

para decir que amas,

para decir que perdonas,

para decir que disculpas,

para decir que quieres intentarlo nuevamente...
Mañana puede ser muy tarde para pedir perdón,
para decir:
«¡Discúlpame, el error fue mío...!»

Tu amor, mañana, puede ser inútil;
tu perdón, mañana, puede no ser preciso;

tu regreso, mañana, puede que no sea esperado;

tu carta, mañana, puede no ser leída;

tu cariño, mañana, puede no ser necesario;

tu abrazo, mañana, puede no encontrar otros brazos...
¡Porque mañana puede ser muy, muy tarde!

 

No dejes para mañana para decir: «¡Te amo!», «¡Te extraño!», «¡Perdóname!», «¡Discúlpame!», «¡Esta flor es para ti!...»

 

No dejes para mañana tu sonrisa, tu abrazo, tu cariño, tu trabajo, tu sueño, tu ayuda...

 

No dejes para mañana para preguntar: «¿Puedo ayudarte?», «¿Por qué estás triste?», «¿Qué te pasa?»,  «¡Oye!...ven aquí, vamos a hablar», «¿Dónde está tu sonrisa?», «¿Por qué no empezamos nuevamente?», «Estoy contigo», «¿Sabes que puedes contar conmigo?», «¿Dónde están tus sueños?»

 

Recuerda: ¡Mañana puede ser tarde... muy tarde! ¡Busca!, ¡pide!, ¡insiste!, ¡inténtalo una vez más! ¡Solamente el “hoy” es definitivo!

¡Mañana puede ser tarde!... ¡Muy tarde!

 

Las semillas del día

Hoy me olvidaré del día de ayer, con todas sus pruebas y tribulaciones, con todos sus agravios y sus frustraciones. El pasado ya es un sueño del cual no puedo recuperar ni una sola palabra, ni borrar ningún acto imprudente.

Sin embargo, tomaré la decisión de que si el día de ayer lastimé a alguien a través de mi imprudencia o mi irreflexión, no dejaré que el día de hoy el sol se ponga sin rectificar, y nada de lo que haga en este día tendrá mayor importancia.

No me preocuparé por el futuro. Mi éxito y mi felicidad no dependen de que me esfuerce en adivinar lo que acecha débilmente en el horizonte, sino en hacer, el día de hoy, lo que claramente tengo al alcance de la mano.

Atesoraré este día, puesto que es todo lo que tengo. Sé bien que sus horas que se deslizan apresuradamente no pueden acumularse ni almacenarse, como un valioso grano, para su uso futuro.

Viviré como lo hacen todos los buenos actores cuando están en escena: sólo el momento. No puedo desempeñarme al máximo este día lamentando los errores de mis actos previos, ni preocupándome por la próxima escena.

Trabajaré duro este día: cuanto mejor haga mi trabajo, menos tiempo tendré para preocuparme por tonterías, más apetitosos serán mis alimentos, más dulce mi sueño y más satisfecho me sentiré con mi lugar en el mundo.

El día de hoy me libertaré de la esclavitud del reloj y del calendario. Aun cuando planearé este día con objeto de cuidar de mis pasos y de mis energías, empezaré a medir mi vida en hechos, no en años; en pensamientos, no en estaciones; en sentimientos, no en los números sobre un cuadrante.

Estaré consciente de lo poco que se necesita para hacer de este un día feliz. Jamás buscaré la felicidad, porque la felicidad no es una meta, es sólo un producto secundario, y no hay felicidad en tener o recibir, solo en dar.

No huiré de ningún peligro con el cual pueda tropezar el día de hoy, porque estoy seguro de que no me sucederá nada que no pueda superar con esfuerzo. Así como toda gema se pule por medio de la fricción, estoy seguro de que yo seré más valioso a través de las adversidades de este día y, si se me cierra una puerta, se me abrirá otra.

No desperdiciaré ni siquiera un preciado segundo del día de hoy con sentimientos de cólera, de odio, de celos o de egoísmo. Sé que las semillas que siembro son las que cosecharé, porque cada acción, buena o mala, siempre va seguida de una reacción igual. El día de hoy solo sembraré las buenas semillas.

Trataré el día de hoy como si fuese un inapreciable violín. Una persona puede sacarle notas armoniosas, y otra notas discordantes, por lo que nadie puede culpar al instrumento. La vida es la misma: si la toco correctamente, producirá belleza, pero si la toco con ignorancia, producirá fealdad.

Trabajaré con el conocimiento de que nunca se ha logrado nada grande sin entusiasmo. Para hacer cualquier cosa digna de hacerse, no debo retroceder tembloroso, pensando en el frio y en el peligro, sino saltar al frente con entusiasmo y salir adelante tan bien como me sea posible.

Me enfrentaré al mundo con las metas que me he fijado para el día de hoy, pero serán metas fáciles de alcanzar, no esa variedad tan vaga e imposible que declaran todos aquellos que han hecho una carrera del fracaso.

Jamás ocultaré mis talentos. Si guardo silencio, seré olvidado; si no avanzo, retrocederé. Si el día de hoy me aparto de mi desafío, mi propia estimación quedará lastimada para siempre y, si dejo de crecer, aun cuando sea un poco, me empequeñeceré. Rechazo la posición estacionaria porque siempre es el principio del fin.

Conservaré una sonrisa en mi rostro y en mi corazón, incluso si algo me duele el día de hoy. Sé que el mundo es un espejo y que me devuelve el reflejo de mi propia alma. Ahora ya he comprendido el secreto de corregir la actitud de los demás, y es corregir mi propia actitud.

El día de hoy me alejaré de cualquier tentación que pudiese obligarme a faltar a mi palabra o a perder el respeto hacia mí mismo. Estoy seguro de que lo único que poseo más valioso que mi vida es mi honor.

Haré una pausa siempre que el día de hoy sienta lástima de mi mismo, y recordaré que es el único día que tengo y que debo aprovecharlo al máximo.

Tal vez no logre reconocer lo que mi parte pueda significar en el gran todo, pero estoy aquí para jugarla, y ahora es el momento de hacerlo.

Recordaré que todos aquellos que tienen menos cosas de que arrepentirse, son aquellos que aceptan cada momento tal y como se presenta y por todo lo que vale.

Contaré este día como una vida separada. ¡Éste es mi día!: éstas son mis semillas.

 

Todo es posible

Si alguna vez ha habido un tiempo y un lugar para el atrevimiento, para marcar la diferencia, para embarcarse en algo que vale la pena, ése momento es ahora.

No necesariamente por una gran causa, sino por algo que tira de ti, que tiene que ver con tus aspiraciones y con tus sueños.

Porque te lo debes a ti mismo, porque vale la pena: diviértete, ahonda en ti mismo. Y encuéntralo. Sueña. Sueña a tope.

Y no olvides que, aunque valga la pena, las cosas no suelen ser fáciles. Hay días buenos, y también los hay malos, momentos en los que te gustaría darte la vuelta y empaquetarlo todo... Y otra vez será.

Pero no te engañes: esos momentos te están diciendo que te esfuerces y que lo intentes, porque no te asusta aprender intentándolo. Persiste: porque con una idea, determinación y las herramientas apropiadas puedes hacer grandes cosas. Deja que tu conciencia, tu inteligencia y tu corazón te guíen.

Y confía. Confía en el increíble poder de la mente humana para hacer cosas excepcionales, para trabajar duro, para reír y soñar. Todo es posible... si te empeñas en dar lo mejor de ti mismo.

El miedo (MÓNICA BARBAGALLO)

 

Nada causa tanto sufrimiento como el miedo a sufrir. Evita, entonces, el miedo innecesario.

        Por miedo a sufrir soledad, sufres la tortura de una mala compañía.

Por miedo a sufrir el final de una relación, sufres durante  años el infierno de una mala pareja.

Por miedo a sufrir las responsabilidades del adulto, sufres de  por  vida el actuar como un niño inválido.

Por miedo a sufrir a causa de tus errores, sufres las consecuencias de no comprometerte ni jugártela  nunca.

Por  miedo a sufrir el rechazo de los otros, sufres en tu soledad y tu aislamiento sin salir nunca hacia el encuentro.

Por miedo a sufrir a que alguien no te quiera, te conviertes en posesivo y lo único que consigues es que todos te huyan y te quedes solo.

Por miedo a fracasar en tus proyectos, sufres el terrible fracaso de no emprender ninguno.

Por miedo a que tu hijo dé un mal paso, lo conviertes en un inmaduro y un sobreprotegido, incapaz de dar un paso  por  su cuenta.

Hay un temor al sufrimiento que es sano, porque funciona como una señal de alarma que suena a tiempo para que evites el dolor innecesario; pero hay un temor al sufrimiento que es enfermizo, porque es como una alarma que suena todo el tiempo, que te impide vivir y te causa sufrimientos que podrías evitar.

Evita, entonces, el miedo innecesario.

 

Las renuncias

A partir de este momento, y de ahora en adelante, he decidido finalmente renunciar a todo aquello que de una manera u otra me ha impedido ser mejor de lo que puedo ser y de llegar más allá a donde debo llegar, hasta la plenitud de mi ser.

Por eso renuncio a...

La soledad y la tristeza.

Mis temores y limitaciones.

Los malos recuerdos y a lo que no pudo ser.

Mi egoísmo y falta de generosidad.

La manipulación y el autoengaño.

El rencor y la falta de perdón.

Mi malhumor y la amargura de mi ser.

El fracaso y la derrota.

Mi apatía y desidia.

La vanidad y la miseria.

Mi indolencia y altivez.

La envidia, la codicia y el chisme.

Mi falsedad e hipocresía.

La deslealtad y la falta de amor propio.

A seguir esperando que las personas y cosas cambien.

 

El perdón

Perdonar es reconocer que también tú necesitas ser perdonado, que en este mundo nadie está libre de errores.

Perdonar es recordar únicamente lo positivo de la otra persona, saber que no hay gente mala, sino personas que se equivocan.

Perdonar es comprender que el rencor sólo a ti te daña, que nadie está en este mundo para satisfacer tus deseos.

Perdonar a los demás es perdonarte a ti mismo por haberte dejado herir, por haber llamado a la ofensa.

Perdonar es reconocer que el otro no desea tu mal, sino que la otra persona, como tú, busca lo suyo.

Perdonar es soltar la cadena que te une al pasado, liberarte de una carga, ir más ligero por la vida.

Perdonar es una expresión de amor. 

Perdonar es aceptar lo que pasó. No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes, ni que lo vas a olvidar.

Perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que aparecen acerca de alguien o algo que nos causó dolor. 

La falta de perdón te ata a las personas desde la bronca. Te tiene encadenado. La falta de perdón es lejos el veneno más destructivo para el espíritu ya que neutraliza los recursos emocionales que tienes.

Perdonar es un proceso. Perdonamos poco a poco, mientras seguimos adelante con nuestras vidas. A cada paso que avanzamos en el camino del perdón, nos sentimos más libres.

El perdón es una declaración que puedes y debes renovar a diario. Muchas veces la persona más importante a la que tienes que perdonar es a ti mismo por todas las cosas que no fueron de la manera pensabas.

 

Vale la pena

Vale la pena cada espina, cada rosa, cada lágrima que riega lo que florecerá en sonrisa, porque la vida es maravillosa por ella misma: no importan las penas, no importa el desamor, porque pasa... todo pasa y el sol vuelve a brillar.

Hay momentos que sentimos que todo está mal, que nuestras vidas se hunden en un abismo tan profundo que no se alcanza a ver ni un pequeño resquicio por el que pase la luz. En esos momentos debemos tomar todo nuestro amor, nuestro coraje, nuestros  sentimientos, nuestra fuerza y luchar por salir adelante.

Muchas veces nos hemos preguntado si vale la pena entusiasmarnos de nuevo, y sólo puedo contestar una cosa: ¡Hagamos que nuestra vida valga la pena!

Vale la pena sufrir, porque he aprendido a amar con todo el corazón.

Vale la pena agachar la cabeza y bajar las manos, porque al levantarlas seré más fuerte de corazón.

Vale la pena una lágrima, porque es el filtro de mis sentimientos: a través de ella me reconozco frágil y me muestro tal cual soy.

Vale la pena cometer errores, porque me da mayor experiencia y objetividad.

Vale la pena volver a levantar la cabeza, porque una sola mirada puede llenar ese espacio vacío.

Vale la pena volver a sonreír, porque eso demuestra que he aprendido algo más.

Vale la pena acordarme de todas las cosas malas que me han pasado, porque ellas forjaron lo que soy el día de hoy.

Vale la pena voltear hacia atrás, porque así sé que he dejado huellas en los demás.

Vale la pena vivir, porque cada minuto que pasa es una oportunidad de volver a empezar.

Todo esto son sólo palabras, letras entrelazadas con el único fin de dar una idea. Lo demás, depende de cada uno de nosotros. Dejemos que nuestras acciones hablen por nosotros.

¡Hagamos que nuestra vida valga la pena! ¡Seamos Felices!

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